viernes, 21 de marzo de 2008

Hay unos tipos abajo


"El asesino es Grondona", destacaba la placa de Crónica TV los dichos de Raúl Gámez, ex presidente de Vélez Sarsfield, ayer al mediodía. Así de directo y así de seco. Casi sin mediaciones. Podemos deducir que alguien de ese canal no tuvo empacho en darle trascendencia a una voz crítica de la organización actual del fútbol sin reparar en la dureza del subrayado y sin temer eventuales represalias.

Es un hecho en el cual importan los moldes. Las habituales letras blancas matizadas con el fondo rojo de la plantalla permitían una lectura subyacente al menos para este cronista: el que habla es Gámez pero aquí hay un medio dispuesto a no cercenar ninguna voz opositora al régimen. Más: lo iremos a buscar para que diga lo que mucha gente desea escuchar. Y bien que hace Crónica en darle espacio a esas expresiones imposibles de hallarlas. Las marchas de Racing, el corte de calle de hinchas de Vélez tras la muerte de Emanuel Alvarez, los escraches leprosos contra el presidente López, entre otras acciones ya señaladas en este espacio, tuvieron el respaldo de la señal de noticias.

No fue el único dato saliente de una semana cargada de hipocresías. En el programa "A dos voces" (TN), los conductores Marcelo Bonelli y Gustavo Silvestre promovieron un panel calificado para discutir los lamentables sucesos del último fin de semana. José Luis Meizner (AFA), el abogado Guillermo Marconi, el juez Mariano Bergés y el sociólogo Pablo Alabarces debatieron acalarodamente. Mientras Meizner (qué curioso es observar la prominente papada de los hombres allegados a la AFA) desresponsabilizaba a la entidad de la cual forma parte, Alabarces tuvo la intervención más brillante de la noche: "Primera operación de la AFA: los muertos no son del fútbol, son de la sociedad. Con esta dirigencia no se puede resolver el problema porque ella forma parte del problema. Ella es el problema. La violencia es la norma no la excepción. ¿Cómo podría solucionarse? Con algo que hoy parece muy difícil; una huelga de hinchas movilizados que exigan la renuncia de la conducción del fútbol", señaló.

No salió al aire pero el encuentro terminó con cruces verbales entre el ex dirigente de Quilmes y el sociólogo y autor del libro Hinchadas y Crónicas del Aguante. "No me des la mano porque ustedes son cómplices de lo que pasa, son responsables directos", dijo Alabarces cuando Meizner intentó, infructuosamente, estrecharle el saludo.

Más allá de estas situaciones, la pantalla no se apartó lo conocido: periodistas horrorizados pese al mensaje que alienta conscientemente la violencia, funcionarios anunciando medidas estériles, gente preocupada, alguna pastilla en la página inferior del diario y poco más. Dos detalles, sin embargo, para atender de aquí en adelante: este domingo la gente de Vélez -público de avanzada en la conciencia futbolera- exhibirá su tristeza y gritará su indignación ante el poder del fútbol.

Y, posiblemente, haya reacciones en otros estadios y en otras parcialidades ante diferentes situaciones que suscitan hartazgo en muchos aficionados. El portal clarin.com, sin ir más lejos, publicó una encuesta en la cual el 75% creyó oportuno suspender el fútbol luego del asesinato del Emanuel Alvarez.

Así las cosas, conviene ser cautos antes de bajar la guardia. Ese hombre que ríe y dice que todo pasa porque "por más dictaduras o democracias" la historia debe seguir y la gente olvida rápido, tiene bastante de qué preocuparse. Cuando haya más pantallas como Crónica alterando su zapping y observe detrás de la cortina que el repudio crece y se multiplica, tal vez se sienta acorralado como otros oscuros personajes que disfrutan hoy del arresto domiciliario.

Llegado ese momento, entonces sí habremos honrado como corresponde a nuestros muertos queridos.

domingo, 9 de marzo de 2008

El modelo


Bordeando el estadio de San Lorenzo, riñón del Bajo Flores porteño, conversábamos con un amigo de Huracán. De su pasión por el globo, el barrio chico y su infancia en Pompeya. Es hincha-hincha este amigo pese a la seguidilla de causas que lo alejaron definitivamente del Ducó, las populares visitantes y la televisión paga. "Es todo muy trucho", se quejó. Y remitió a los negocios que salpican al juego. Eso que a muchos nos interpela con frecuencia y no le damos importancia porque necesitamos creer en algo. Para vivir y darle sentido a las cosas.

Mientras intentaba replicar sobre los efectos del despojo televisivo, Fito, mi amigo, me paró en seco. "Pará, pará. No solo vació a los clubes, también implementó un modo de hacer periodismo nefasto. Hacerles creer a millones de pibes que la vida pasa por ahí, la televisión, la vida fácil, minitas, la casa del jamón y vender alarmas de seguridad y hojitas de afeitar", agregó entre la rabia y la resignación. La caminata siguió en dirección a la cancha auxiliar de San Lorenzo y el tema ya no era Huracán sino el modelo periodístico impuesto por TyC. En algo coincidimos: ese modelo daña al juego y el oficio de muchos colegas que enaltecieron la profesión. Pero este amigo agregó que también es autodestructivo de acuerdo a la competencia feroz que impera en el marco de una lógica feroz.

Las imágenes de esta semana parecieron certificar las conjeturas que Fito, mi amigo, le dispensaba a alguien que no piensa exactamente igual a él pero que acuerda en algo sustantivo. Y, en realidad, es algo que nada tiene de novedoso. No hacía falta comprar el diario deportivo para enterarse del divorcio de los relatores famosos o prender la tevé y advertir el cruce salvaje de dos títeres de la señal poderosa. Esto viene de hace tiempo y por eso no pude contener el escepticismo que, lamentablemente, nos hace ver todos los días, a toda hora, que la maquinaria sigue de pie y sabe abroquelarse con fluidez en los momentos de crisis.

Ya en el final del trayecto, camino a Parque Patricios, la charla fue desencillando todavía más. A muchos como Fito, mi amigo, nos gustaría esa rebelión de los hinchas. Por vías pacíficas y sin desviaciones contraproducentes. Militancia Leprosa -opositora al despótico Eduardo López, presidente de Ñuls- y la gente Racing van aprendiendo en la marcha cuantos intereses están en juego. Y van entendiendo, entre discusiones y el respaldo de afines a la causa, cuan impresindible es no abortar un movimiento frúctifero proyectando a futuro.

Con mesura y sin ver espejismos que hoy no existen, se trata de una tarea paciente que debemos ir construyendo con todos los justos que habitan este país.

jueves, 6 de marzo de 2008

Aquella tarde del 96


Más allá que Independiente acumula diez clásicos (12 años) sin ganar en la Bombonera, ve amenazada su condición de auténtico Rey de Copas y ha cambiado de signo la paternidad, el partido del domingo ni por asomo reúne condimentos extrafutbolísticos que lo asemejen al del Apertura 96. Sin ser categóricos, pero teniendo en cuenta las particularidades que matizaron la histórica jornada de una década atrás, no se vislumbra un hecho de esa magnitud en el corto plazo. Tal vez una instancia decisiva de Copa o una final de campeonato aunque parece difícil.
Sucede que aquel duelo trascendió a los hinchas y se propagó a las trincheras periodísticas. Y allí, en ese microclima efervescente, las antinomias se expresaron acalarodamente. Con pasión. Porque Menottti y Bilardo, con sus procederes diferentes y sus estilos opuestos, supieron reclutar adherentes que marcaron a fuego el debate futbolero durante décadas. Y, conscientemente o no, voluntariamente o no, las repercusiones mediáticas moldearon el pensamiento de miles de aficionados en torno de gustos y conductas.
No casualmente, el partido jugado en noviembre de 1996 tuvo una cobertura inédita para la época. De hecho, se lo promocionó hasta el cansancio y se lo vivió con sufrimiento en redacciones, radios y canales de tevé. Para bien o mal, entonces, asomaba una historia a narrar detrás de la historia.
La victoria de Independiente permitió a los menottistas enrostrarle la peor de las derrotas a los devotos del resultadismo: como había ocurrido 23 años (1973) volvía a ganar un equipo flaco. Dos a cero contundente en el global. Sin embargo, la discusión no se saldó nunca y, lentamente, fue cediendo a otros intereses, otras disputas, otras conveniencias. Posiblemente indescifrables dado el complejo entramado de negocios que rigen en la actualidad.
Por eso, y por tratarse de un medio sumido en operaciones y cinismos de toda especie, cabe reconocer el debate más atrapante que dio nuestro fútbol. Esa polémica, cuando prevalecieron principios y convicciones de uno y otro bando, contribuyó a enriquecer ideas alrededor del juego. Más, logró que una tarde del 96 muchos hinchas jóvenes y ocasionales espectadores comprobaran algo esencial de ahí en adelante: ni más ni menos que saber quién es quién.

martes, 26 de febrero de 2008

Demasiado en juego


Encandilado por los flashes y siempre receptivo a los guiños periodísticos, se sabe que Ramón Díaz cultiva un perfil generoso para promotores de escándalos, traficantes de noticias y militantes del morbo. Su lengua filosa, desbocada, por momentos salpicada de una picaresca ácida y seductora, le permitió al riojano hacer carrera en la arena mediática.
Claro que el hombre supo posicionarse ante las corporaciones en base a una foja intachable. Como jugador, se destacó por una técnica exquisita y una admirable cualidad para perforar redes. En Argentina, y siempre jugando para River, anotó 84 goles en 175 partidos. Desde la función de entrenador se convirtió en el técnico con más títulos en la entidad de Nuñez, superando por uno al legendario Angel Labruna (suma un total de 7).
Dos recuerdos imborrables de su primer período en River: la obtención de la Copa Libertadores en 1996 y aquella formación que marcó tendencia hacia finales de ese año. Monserrat, Berti, Francescoli, Ortega, Julio Cruz o Marcelo Salas, nombres que engalanaron el ataque millonario y renovaron el concepto del juego de muchos equipos todavía seducidos por las ideas de eficiencia y pragmatismo promovidas por Carlos Bianchi y Daniel Passarella.
Sin embargo, su desprolija salida de Nuñez en 2002 lo confinó al olvido hasta que San Lorenzo lo devolvió a la dirección técnica tras una fallida participación en la política interna de River. En Boedo hizo una revolución, se dijo. Y en parte fue así teniendo en cuenta el frustrante retorno de Oscar Ruggeri en 2006.
Campeón inobjetable en el Clasura del año pasado, Díaz acumuló prestigio y poder, consciente de la unanimidad del elogio en la crónica de las agendas deportivas. Rápido de reflejos, Ramón, como alguno de sus coterráneos, aprovechó el espaldarazo recibido. Luego de una turbia negociación alrededor de la renovación de su contrato, el riojano le dijo que no a su primer club y redobló la apuesta negociando él y su influyente entorno el regreso de cotizados jugadores del exterior con miras a la esquiva Copa Libertadores.
Pero los resultados cosechados hasta el momento no justificaron tamaña inversión y el canibalismo mediático, implacable como es, ya le hizo sentir el rigor al técnico de acuerdo a las expectativas generadas. Sucede que el negocio es divertido -y Ramón Díaz no lo ignora- mientras se gane y no se vean afectados intereses poderosos.

domingo, 24 de febrero de 2008

Símbolos, se necesitan


Por Ariel Scher

fuente Clarín

Emocionado, emocionadísimo, ese hombre del Interior llegó hasta Avellaneda, soportó los soles empecinados de este febrero, se paró en la esquina de las calles Alsina y Bochini, leyó tres veces la palabra "Bochini" y, al final, habló con la boca sabia y con el alma entera. Habló para decir una verdad: "El fútbol no sería fútbol si no tuviera símbolos". Así es.¿Así es o así era? El fútbol funciona ahora como un gran espectáculo capturado por la economía de mercado. Y la economía de mercado ubica a los símbolos del fútbol (las camisetas, los jugadores, lo que sea) igual que a todos los símbolos: son mercaderías. Los arrasa, los altera o trata de apropiárselos.Todos los intermediarios y montones de dirigentes prefieren comprar y vender jugadores más que apostar a que sean símbolos. A diferencia de lo que sucedía en épocas de negocios más chicos y menos vertiginosos, los hacen jugar un rato en un club, otro rato en otro club y luego en un club más. No anudan pertenencias. Están de paso y la gente los percibe de paso. Imposible que se vuelvan símbolos.Hay instituciones poderosas de Europa que trabajan el tema. Saben que necesitan símbolos y elaboran estrategias para construirlos o mantenerlos. No surge del azar la decisión del Real Madrid (una entidad experta en activar su simbología) de que Raúl e Iker Casillas firmen contratos que los liguen al club de por vida. No es casual que, al llegar al Liverpool desde el Atlético de Madrid, al delantero Fernando Torres le enseñaran la historia mítica a la que se sumaba. No sorprende que el Milan le avise al mundo que Paolo Maldini jugó para el equipo 1.000 partidos. No es ilógico que -muchas veces por falta de políticas; muchas otras por falta de dinero- la mayoría de los clubes argentinos ahora no consoliden Jugadores/símbolos.Ocurre que el fútbol es muchas cuestiones, pero sobre todo es una identidad. Y una identidad es una memoria que se sostiene, una historia que continúa y unos símbolos que conmueven. Habría cien maneras de explicarlo, pero ninguna tan eficaz como ver a ese hincha que no para de mirar la esquina de Alsina y Bochini. Se sigue emocionando.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Tiene que cambiar


La victoria ante Sarmiento, trabajosa y necesaria, debe haber generado preocupación en Floresta. Si bien se dejó atrás otro rival directo al título -Morón, los juninenses y Comunicaciones alentaban esperanzas de arrimarse al puntero - persisten problemas de funcionamiento a esta altura delicados. Es evidente que All Boys sufre horrores cuando no tiene la pelota y lo atacan. Ausente Zárate, estacionado Vieytes en la franja izquierda, aislado Scamporrino, solo el empuje de Fernando Sánchez puede contener los ataques adversarios y oxigenar la zona media.
Sarmiento, que sabe a qué juega y defiende criteriosamente la pelota, lo complicó en varios tramos del partido y hasta pudo ganar de no mediar las atajadas de Cambiasso (debía una actuación consagratoria, Nico). La disyuntiva, entonces, parece enfocada a cómo reforzar el mediocampo: ¿se necesita otro recuperador que ayude a Darío Stefanatto y Sánchez? O, más ambiosos, el ingreso de Simón Ramírez -volante creativo y autor de un golazo- puede ser el socio ideal que necesita Zárate para liberar a Scamporrino y abastacer a Solchaga, único punta.
En un campeonato en el cual solo sirve sumar, hasta el más novato intuye que la mejor estrategia para defenderse es juntar a quienes saben cuidar el balón. El técnico, responsable de impartirle conceptos claros a los futbolistas, dispone de tiempo para corregir errores y no frustar la enorme ilusión de un barrio entero.

martes, 19 de febrero de 2008

Elogio de la desdicha


De confeccionar un ranking de clubes confinados al sufrimiento permanente, Gimnasia, el viejo lobizón, no debiera estar ausente de esa lista. Con 120 años de existencia, su sinuoso y desafortunado andar en el profesionalismo computa apenas una Copa Centenario obtenida en 1993 (ninguneada por la AFA y el mundo del fútbol sin razones válidas), tres ascensos (1944, 1947, 1952) y una sucesión de buenas campañas abortadas en la recta final. No es para victimizar a nadie, pero la gloria, esa que alcanzaron clubes con menos nombre, nunca se tiñó de azul y blanco.
Sin embargo y debido a los insondables misterios del fútbol, el lobo moviliza multitudes a lo largo y ancho del país. El diario Página 12, en diciembre de 2006, publicó un informe en el cual el 20, 5 % de los platenses manifestó ser de Gimnasia contra el 19,8 % de Estudiantes.
Y si bien el dato (siempre discutible, claro) haya sufrido modificaciones tras el título y la paliza histórica en el clásico de ese año (7-0), cabe interrogarse por qué secreta razón el lobo tiene una cantidad significativa de adherentes incondicionales.
Hurgando en el acervo futbolero del club, encontramos hechos, nombres y curiosidades para detener el ojo. Una serie de campañas inolvidables enorgullecen al pueblo tripero. Por ejemplo, aquél plantel del 33, apodado "El Expreso"y dirigido por el húngaro Emérito Hirschl, fue una auténtica aplanadora que conmovió al fútbol criollo. Más tarde, llegó el gran equipo del 62 que originó el mote de "lobo", desde entonces palabra imposible de no asociarla a Gimnasia, sea éste de La Plata, Mendoza, Jujuy, Salta, Tucumán, o Comodoro Rivadavia. La "Barredora", recordada formación en el 70, pudo romper el maleficio de no ser por esos anzuelos que se cruzan cada tanto en la vida del club: un conflicto económico con los dirigentes hicieron que un racimo de juveniles se presentarán en la semifinal con Rosario Central. ¿Resultado? 0-3 y adiós al campeonato.
Existen, no obstante, otros elementos distintivos. Por caso, la cifra de jugadores uruguayos que vistieron la azul y blanca asciende a más de 40. Brotan los nombres que dejaron una huella en la memoria de los hinchas: Hugo Guerra (29 goles), Pablo Bengoechea, Guillermo Sanguinetti (390 partidos), Fernando "Nano" Saraiba, Gonzalo Vargas (goleador Clasura 2006), Diego Alonso (retornó al club en 2008), entre otros. Más todavía: el oriental José Perdomo, de pocos partidos en La Plata, fue el autor del gol a Estudiantes en 1992 bautizado como "terremoto", dado el estruendoso festejo en la ciudad.
Claro que en la galería de ilustres aparecen otros apellidos. Sin diferenciar épocas y cantidad de partidos en el club, Francisco Varallo, Hugo Gatti, Carlos Della Savia, Alberto Márcico, los hermanos Barros Schelotto, el "Muerto" Pedraza, Carlos Carrió, Gustavo Moriconi, entre muchos nombres, también aportaron juego y corazon para adosarle grandeza a la institución y ganarse el afecto popular .
En definitiva, parece que no siempre se trata de coleccionar estrellitas. Mucho menos hacer del sufrimiento virtud. Después de los subcampeonatos en el 95, 96, 98, 2002 y 2005 (tres con Griguol, uno con Ramaciotti y otro con Troglio), el flamante técnico, Guillermo Sanguinetti, es consciente del despojo pergeñado por Juan José Muñoz (ex Presidente) y sabe, también, de la deshonra propia ante tanto grito atragantado y tanta película exitante del lado de enfrente.
Ergo, aunque suene a enunciado demagógico o deseo a viva voz, una hinchada fiel y numerosa como la de Gimnasia merece que al Topo le vaya bien.