domingo, 9 de septiembre de 2007

"Más hablado que jugado"

Recomendamos entrevista realizada al escritor e historiador Eduardo Sacheri, autor de Esperandolo a Tito, Te conozco Mendizábal, Lo raro empezó después y la novela La pregunta de sus ojos. Valiosa.

fuente: Diario deportivo Olé

EDUARDO SACHERI

"La Historia argentina está en deuda con el fútbol" Uno de los escritores más reconocidos de la literatura futbolera analiza el vacío del juego más amado en la mirada social de los historiadores. Impiadoso, compara la caída de la clase media con el fútbol de hoy, y alerta su saturación. Para pensar.


IGNACIO FUSCO


El espejo que está a su izquierda apenas cumple con su destino: lo multiplica. Se acelera Eduardo Sacheri mientras habla, cada vez más, y él también multiplica con su proclama, sus gestos repetidos en la pared de vidrio. Doce años pasaron desde que Eduardo Galeano escribió que "la historia oficial ignora al fútbol", que "los textos de historia contemporánea no lo mencionan, ni de paso, en países donde el fútbol ha sido y sigue siendo un signo primordial de identidad colectiva", lo mismo que ahora el otro Eduardo repite, multiplica, ante la mesa de un bar. Aplaudido escritor de Esperándolo a Tito, acaso el ícono vivo más fuerte de la literatura futbolera, el también profesor de Historia realza lo dicho: "La Historia argentina tiene una deuda con el fútbol. Faltan ensayos, muchos trabajos que lleguen masivamente al público: el movimiento obrero, las asociaciones de barrios, el impacto inmigratorio, entre otros, y, obvio, el fútbol, su influencia en la sociedad. Y en eso, fijate, yo le veo una conexión con la literatura".—¿Por?—Porque los cuentos de fútbol tardaron mucho en imponerse, y tal vez con el fútbol como elemento de estudio social pase lo mismo. Este fútbol, el de hoy, ha revisitado el mismo camino de la clase media trabajadora que tuvo el país. Los ricos allá, ganando, mientras los pobres sólo miran. River, Boca y el resto. Mirá el reparto de la televisión. Y te hablo como hincha de Independiente, o sea: desde la clase media empobrecida. ¿Te imaginás, hoy, a Estudiantes tres veces campeón de la Libertadores? El mundo de privilegiados y excluidos también llegó al fútbol. ¿Ferro, Quilmes y Argentinos campeones en menos de diez años? Los multimedios tendrían que pegarse un tiro en las bolas.—¿Por qué, entonces, la pasión igual aumenta?—Porque este país perdió muchísimos signos de identidad. En la época de mi viejo había un montón de palenques a los cuales atarte: la identidad política era muy fuerte, los laburos te duraban décadas, hasta el colectivo que te tomabas era siempre el mismo. Los barrios se emparentaban con una fábrica, también, o la familia, que era más consistente. A un pibe de hoy ¿qué le queda de eso? Nada. Entonces se aferra a un color. A la camiseta.—¿No es demasiado?—No es lo único, pero es así. Hace poco, un chico me dijo en una conferencia: "Mirá, loco, yo me llevé toda la vida para el orto con mi viejo, toda la vida. Lo único que nos unió, posta, fue San Lorenzo". Por algo te decía que el vacío del fútbol en la mirada de la historia es relevante. Aunque desde ahí, bueno, se haya hecho del fútbol lo que es hoy: un juego más hablado que jugado. —¿Sobredimensionado?—El fútbol es tan, tan central, que hasta el poder se puede construir desde este show, cuando antes era al revés. En 1904, Julio Roca fue el primer presidente que estuvo en una cancha (NdeR: el 26/6, Southampton goleó 3-0 a Alumni en el actual Campo Argentino de Polo), pero su poder lo había construído fuera del fútbol, y ahora se invirtió. Macri es el mejor ejemplo. Y hasta habrá otros a los que no les salió la apuesta. —La anhelada salvación.—La sobredimensión, ¿no? Bueno, ¿por qué hace 30 años no existía un diario deportivo, si Argentina siempre fue un país futbolero? Un ejemplo: yo soy hincha de Independiente, y el día que perdimos contra Boca estaba volviendo a casa y quería escuchar un noticiero. Todas las radios, ¡todas!, hablaban de fútbol. No había escapatoria, en serio. Ya es como un cuento, una ficción, nos guionan lo que hay que ver: a Passarella con cara de mufa en lugar del siete que está por patear. O la otra: mirar tipos que miran el partido. Pensalo. Es patético.—Repito: mucha racionalidad pero igual apasiona más. ¿Por qué?—Porque un tipo que vale 20 millones todavía puede errarse un gol abajo del arco. Y porque ese tipo también sos vos, que fuiste a comer un asado, dijiste "vamos a patear un rato", tranquilo, y a los dos segundos te estás cagando a patadas con tus amigos.

1 comentario:

Roberto Parrottino dijo...

Che, me encanta Sacheri también. Tiene un tranco para rumbear las historias. La pincelada justa en momento indicado. En el Sarmiento, cuando leo sus cuentos, mi imaginación toma un envión propio de la pasión.

A propósito escribí sobre él una entrada en Pelota(s):

http://pelotadegol.blogspot.com/search/label/Literatura

Y ahora que veo, también conté algo sobre Roberto Santoro.