lunes, 3 de septiembre de 2007

Riquelme, Carrizo y los mamarrachos

Por Walter Vargas

La complejidad del tema impone reponer la obviedad de que las sandías son las sandías y los melones son los melones. ¿Le hace bien al fútbol argentino el regreso de los dos notorios que en realidad jamás se habían ido? Sí señor: le hace muy bien. Muy bien le hace que JP Carrizo ataje y JR Riquelme organice y, si cuadra, ejecute. Hablamos de uno de los arqueros más promisorios surgidos en este segmento del siglo y hablamos, polémicas al margen, de uno de nuestros mejores futbolistas de 1996 para acá. En términos de calidad la ganancia es altísima. Cabe, pues, celebrarla. (De paso: todas las señales sugieren que la dirigencia de Boca consumará una de esas victorias que en el barrio llamábamos "la chancha y las 20"). Ahora, ¿y de los procedimientos qué? ¿No sabe brumoso que en todo este tiempo Carrizo fuera de la Lazio, que al mismo tiempo fuera de River y que en sentido estricto no fuera de ninguno? ¿No huele a hijos y entenados que a Boca se le conceda la prórroga de la prórroga? ¿No era que el 31 de agosto se bajaban los cortinados y a partir de entonces no había derecho al pataleo? ¿Olimpo, Tigre, San Martín de San Juan u otros clubes así de glamorosos hubieran dispuesto de los mismos guiños? Luego, ¿semejante maniobra no mella aún más la seriedad de un fútbol que organizativamente anda por el cuarto subsuelo? Que Germán Herrera ya haya jugado dos veces contra el mismo rival es un mamarracho. Que dentro de un par de meses Santiago Silva vuelva a jugar contra Central es un mamarracho. Que aún haya jugadores que vienen y jugadores que van es un mamarracho. Ojo con confundir flexibilidad con ligereza. Ojo con fomentar el dislate. Ojo con naturalizar el vale todo.

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